Para escribir, los maestros calígrafos utilizaban y utilizan una caña, una simple caña cortada de determinada forma. Ese corte requiere de una técnica precisa.
Se dice, que de la caña nace la
línea musical y la línea
escrita, - la flauta y el cálamo - con este pensamiento se intenta poner en evidencia el papel fundamental que desempeña la modesta caña, que tanto sirve para representar un estado del alma en el ser humano – en este caso la música a través del sentido de la audición, y también para modelar letras, - el sentido de la vista - las cuales, técnicamente dibujadas por una mano que sabiendo lo que quiere expresar el corazón que la
guía, está en condiciones de transmitir variedad de ideas.
Pero, tal como sucede con el ser humano, la caña debe de ser preparada para la actividad que realizará. En su analogía con éste, debe de poseer equilibrio a los efectos de no perturbar la armonía que se pretende obtener con el inteligente y sensible juego de las proporciones. Tal como el hombre, debe ser utilizada en su justo tiempo, pues no debe ser separada de su lugar de origen ni
demasiado verde ni
demasiado madura, dado que ambos son estados indeseables pues enfatizan los extremos de blandura y dureza. Deberá igual que el hombre, tener un determinado peso, en el caso de la caña es físico y en el del hombre moral, puesto que debe de equilibrarse armoniosamente con la mano que la
guía.
Tal como podemos ver, existen varias y singulares similitudes entre el hombre y la caña, porque si bien es cierto que ésta ultima modela letras sobre diversos materiales, el hombre también modela su vida a través de sus acciones, y sólo basta observar atentamente cuáles son las actitudes del mismo, para saber, tal como el cálamo, dónde tiene puesto su énfasis, si le falta equilibrio o si obedece concientemente a la mano que lo guía - en este específico caso - su Creador.